Mis labios y los suyos provocan una fiesta para nuestros sentidos que me enciende de los pies a la cabeza y hace que lleve mis manos hacia el centro de su trabajada espalda y acariciarlo de la manera más sensual que existe. En cambio, sus manos van bajando los tirantes de mi camisón y los desliza por mis brazos hasta hacer que la tarea de quitármelo sea mucho más sencilla ya que él lo va levantando y yo aparto mis manos de su espalda para poder ayudarlo.
Bruno se separa de mis labios para viajar por mi cuello sin prisa —Eres la mujer más bella del mundo. — Dice cuando...