Ian
¡Mierda, mierda, mierda!
Sabía que darle hospedaje a Yesenia me iba a traer problemas, pero jamás imaginé que fuera de este tipo. ¿Por qué Serena vino a visitarme?
Los latidos de mi corazón aumentan su ritmo mientras corro detrás de ella. La alcanzo cuando vamos a mitad de las escaleras y la atraigo a mi cuerpo.
—Pelirroja loca, ¿cómo puedes correr así con esos tacones del demonio? —digo mientras la aprieto contra mí. Ella, por su parte, forcejea para escapar de mi agarre.
—Suéltame, imbécil. —Se remueve como si fuera un gusanito.
—No hasta que me escuches. Sé que lo que acabas de ver se presta a la mala...