Bratt
El resplandor que entra a través de la ventana es la alarma que me da a entender que ya amaneció, puesto que no tuve que encenderla para que me despierte porque no iré al hospital en varios días, por motivo a mi supuesta luna de miel.
Lo que me hace preguntarme, ¿quién demonios rodó las cortinas y por qué? Se supone que puedo levantarme tarde hoy.
—Serena... —balbuceo medio incómodo y sin abrir los ojos, debido a que mantengo la esperanza de volver a dormirme—. Tapa ese maldito resplandor, tengo sueño.
—¡¿Qué?! —exclama a gran voz, como si yo no estuviera aquí adentro—. ¡¡No te oigo!! ¡¿Qué dijiste?!
¡Maldición!...