Estaba congelada, paralizada para moverme después de sus lentas palabras.
—No, gracias. Te agradecería que dejaras de hablarme así —Traté de contener mi embriaguez y reprimir mi coraje.
Se inclina y agarra mis rodillas cerradas, haciéndome girar en el taburete para enfrentarlo. Se eleva por encima de mi posición sentada, con las manos pegadas al mostrador detrás de mí de nuevo.
—Sabes que tarde o temprano sucederá con nosotros —Susurró con sus manos agarrando el mostrador detrás de mí, atrapándome entre sus mangas tatuadas —¿Correcto? —
—No, no pasara —Respondí en voz baja por intimidación.
Sus labios pecaminosos se curvan en una sonrisa, mirándome y acercándose más para que tenga...