Su apariencia oscura entró directamente en el jardín abierto que tenía algunos bancos y comederos para pájaros. ¿Iba a sentarse? No conozco bien al tipo, pero sé que no haría algo así.
Caminó rápidamente, examinando todas las flores de colores. Me quedé escondido detrás de la pared de ladrillos de la librería, por si acaso me mira al otro lado de la calle.
De repente se arrodilló y sacó una navaja de bolsillo de sus jeans. Fruncí el ceño cuando lo vi con una hoja de diez centímetros, con la otra mano levantando una docena de margaritas rosas y blancas. Con el cuello de las flores en su fuerte agarre,...