—Princesa, aquí estás —Jeremiah acarició su mejilla al tenerla cerca.
Nora frunció el ceño, sin entender cómo su hija había llegado a la clínica.
—¿Quién te trajo, Zoe? —preguntó su madre, pero antes de que la niña pudiera responder, apareció Jane.
—Vaya, esa niña tiene demasiada energía —murmuró mientras intentaba recuperar el aliento.
—¿Jane? —la sorpresa se reflejó en su voz, Jeremiah la miraba con incredulidad.
—Me alegra que hayas despertado, nos tenías preocupados —dijo acercándose a la cama, contemplando a Nora con asombro—. Eres afortunado de tener a una mujer como ella, no se ha despegado de tu lado ni un segundo.
Nora le sonrió agradecida.
Por otro lado,...