Carol alzó el mentón con determinación al encontrarse frente a frente con Gustavo, en esos momentos en que se vieron fijamente fue consciente del peso que sostenía en su mano derecha, recordando entonces el motivo que la llevó a estar de regreso en esa casa.
—Gustavo —saludo con voz firme, sin darle cabida a posibles intimidaciones.
El hombre frunció el ceño ante su actitud altiva, pero no tuvo tiempo de emitir palabra, cuando la joven acortó la distancia y puso sobre su escritorio un pequeño maletín de color negro.
—Disculpa la tardanza, pero aquí tienes todo lo que te debo —declaró con suficiencia, dejándolo ahora sí, verdaderamente mudo.
—¿Qué tipo...