Gustavo despertó con la sensación de unos delgados brazos rodeándolo. Al abrir sus ojos reparó en la menuda figura que se apegaba sugestivamente a su cuerpo. Carol seguía durmiendo, pero se había acurrucado demasiado cerca, invadiendo su espacio personal, invadiéndolo con su delicada esencia.
Había logrado interrumpir su sueño con su descaro y el sol aún ni siquiera se había asomado. Así que no le quedó más alternativa que verla dormir, y acariciar su suave brazo, ese que se atrevía a tocarlo. Esa mujer lo estaba volviendo loco.
Pasaron varias horas para que Carol se despertara. Comenzó primeramente a removerse entre sueños, hasta que sus ojos se fueron abriendo y...