Ava se sonrojó ante la mirada de sorpresa de la nana, era una mujer conservadora y no entendía muy bien las libertades que se daban los chicos de ahora.
—Está bien mi niño, pondremos sus cosas en la misma habitación.
—Mañana saldremos al amanecer. —Mateo dijo a Ava.
—¿Qué haremos? —Preguntó curiosa.
—Te digo que es una sorpresa pequeña curiosa — Mateo depositó un beso sobre la punta de su nariz, ella sonrió.
—Ok, señor Licciardi, tendré que esperar —la chica hizo una señal de saludo militar con su mano sobre la frente, lo que provocó una gran carcajada de Mateo.
Aunque se sintiera bien al lado de Mateo, quisiera...