Jennifer
La casa de Joseph era muy hermosa, estaba muy agradecida porque me invitara, tenía miedo de que me viera y notara los signos de mi llanto, pero si los notó no dijo absolutamente nada y eso era un alivio.
Sentada en su barra de desayuno mientras comemos la divina lasaña se me ocurre una grandiosa idea sobre los niños del hospital y quería hacerlo, siempre quise hacer algo así.
—Mañana tengo que irme temprano al teatro— le comenté mientras tomaba otro pedazo de pan de ajo que estaba de muerte lenta— ¡oye! Este pan está demasiado rico.
—Me alegra que te guste, saque la receta de internet— me dice...