Amelia Miller entró a su habitación y revisó que todo estuviese intacto como lo dejó la última vez, lanzó su bolsa sobre la cama y se acercó a la ventana panorámica, siempre le habían gustado los espacios con luz natural, la alberca siempre era básico en cualquier lugar que llegaba a quedarse y ese era su favorito.
Tocaron a la puerta. Sin girarse, dio la orden de que podía pasar, ella esperaba en sí a su jefe de seguridad, Albert. Pero era Björn.
―Madre. ―escuchó la voz de su hijo a su espalda.
― ¿Ya estás decente? ―preguntó y al no escuchar a Björn se cruzó de brazos y se...