El corazón de Ava se agitó con tanta fuerza que juró que se detendría en cualquier momento.
―Señor Hoffmann, ha tomado bastante vino…―Björn se separó un poco de ella para mirarla a los ojos, notó el aro de ambos iris dilatados, en una delgada línea, entonces sus palabras resonaron con fuerza trayéndolo a la realidad: él era el jefe y ella…su asistente.
Björn retrocedió, dejando a Ava recargada contra la puerta, sus mejillas estaban color escarlata y jadeando. Él no tenía derecho solo por qué la compró en la subasta para salvarla, él no tenía derecho siquiera de sentir celos o atracción por ella, él no debía de cruzar esa...