Amelia estaba sentada en la terraza tomando su taza de café que solía tomar a esa hora de la noche, miró su reloj de marca, luego desvió su mirada hacia las luces de un auto que se acercaba a su propiedad, imaginó que sería Björn. Tocaron a la puerta y ella le hizo pasar.
―Señora Miller, ha llegado el señor Hoffmann.
―Supongo que es mi hijo y no su padre. ―ella murmuró para sí misma, sin que el hombre de seguridad escuchara. ―Cuando llegue hazlo pasar y que nadie nos interrumpa a menos que sea algo más importante.
―Sí, señora. ―el hombre salió del despacho, Amelia dio un sorbo a...