Tomé una chaqueta y le pedí a uno de los chóferes que me llevara al hospital de Archer porque fuera hacía un poco de frío.
Las calles más conocidas de la ciudad estaban muy cerca de donde se encontraba el hospital.
Entré rápidamente y me recibieron mi suegro y los abuelos de Zion. La abuela sollozaba, pero en cuanto se dio cuenta de mi presencia, se secó los ojos y se dio la vuelta, como si no quisiera que la viera en ese estado.
Pude ver y sentir la tristeza en los ojos de todos mientras seguían mirando la puerta blanca que tenían delante.
Poco después de mi llegada, también...