Gotas de lluvia furiosas caen sobre mis hombros, atravesando mi jersey y disparando hielo en mis venas. Me envuelvo más en la fina prenda, maldiciéndome desde esta mañana por no haber traído ningún tipo de abrigo para compensar este patético jersey y la lluvia. Sigo maldiciéndome por haberme olvidado ayer de echar gasolina al coche, lo que me ha llevado a utilizar el transporte público durante el día de hoy y con este húmedo clima otoñal.
Mientras camino bajo el resplandor de las farolas que gotean, mi cuerpo tembloroso se enfría más con cada paso doloroso. Gotas heladas recorren mi cara, el único alivio que encuentro en esta repentina lluvia...