Narrador.
—Sí—, respondió Fátima a Kasul al mismo tiempo que se levantó con el pelo suelto y las mejillas sonrosadas y él la cogió de la mano sin decir nada y fueron juntos a su dormitorio.
—No me puedo creer que estés aquí— dijo ella con una gran sonrisa y se paró a los pies de la cama, él la abrazó por detrás, colocó sus manos en sus pechos y los amasó despacio. Acercó su erección a su trasero, pero ella no se asustó, sino que se frotó contra él. Puso sus palmas sobre las de él en sus pechos, apretando, y Kasul entendiendo lo que le gustaba, pellizcó suavemente...