Diana Rodrigues
Dentro de la ambulancia, con el corazón aún palpitante por el terror que habíamos vivido, me sentía inmersa en un mar de miedo y culpa. Las luces rojas y el sonido de las sirenas reflejaban la confusión y el caos que se habían apoderado de aquella ciudad.
Lemi se encontraba en estado grave, luchando por su vida. Sus heridas eran consecuencia directa de su valentía y desinterés al arriesgarlo todo por mí. Una abrumadora oleada de culpabilidad inundó mi pecho. Sentí que era yo quien debería haber estado en aquel lugar, luchando por mi vida, en lugar de verle enfrentarse a semejante sufrimiento.
Mientras Aslan sujetaba mi mano...