Victoria se despertó estrepitosamente cuando todas sus emociones se agolparon en su interior. Su frente sudaba y su respiración era errática. La pesadilla que la había atormentado se desvanecía lentamente, pero la intensidad de las emociones seguía presente en su mente.
Miró a César, quien estaba durmiendo en la cama del hospital y sintió como si hubiera viajado en el tiempo y regresado a la vez. Victoria tomó su mano, quería saber que estaba ahí a su lado.
—¿Estas bien, Victoria? —Oliver se acercó a ella y le preguntó preocupada al ver su expresión.
—Yo…, —No sabía cómo decirlo, parecía una locura, pero al mismo tiempo tenía miedo de que...