Mientras yo me concentro para no moverme, Mount saca algo de un cajón que no alcanzo a ver. Tan pronto como siento la fría sensación en el culo, comprendo que es gel lubricante. Lo extiende alrededor del ano y de su dedo, y lo usa para torturarme.
—Empuja. Ayúdame a metértelo. Demuéstrame que lo deseas.
Mount empuja hacia delante y mis caderas se echan hacia atrás por instinto, ayudándolo a superar la barrera de los músculos del ano y arrancándome otro gemido.
Por suerte, el micrófono sigue desconectado.
—Voy a meterte un dedo en el culo mientras hablo con algunos de los hombres más poderosos del mundo, y después voy...