Amira
Me despierto, sobresaltada, en brazos de Mount cuando este me deja en el asiento trasero de un coche.
—¿Dónde estamos?
—En Dublín. Te has perdido el resto del vuelo. Y que sepas que roncas. Me quedo boquiabierta.
—De eso nada.
Esboza una sonrisilla torcida.
—Lo haces a esa altitud y cuando estás borracha.
El chófer cierra la puerta, y fulmino a Mount con la mirada, pero es imposible mantener el enfado cuando el coche se aleja del aeropuerto y enfila las calles que se internan en Dublín.
La emoción me embarga. He querido venir toda la vida. Es la ciudad, el país, del que procede mi familia, donde nació...