Amira
EN LA ACTUALIDAD
El dolor me consume cuando recupero el conocimiento. La puerta del coche se abre de repente, y la fuerza de la gravedad hace que me caiga de lado. Unos fuertes brazos detienen mi caída.
—Te tengo. Abre los ojos, fierecilla. Abre los ojos por mí, joder. Me cago en la puta, no te voy a perder ahora.
Esa voz. Grave. Ronca. Pecaminosa. Era la voz del diablo, pero ha dejado de serlo. Ahora es la voz del hombre que me enfurecía no poder retener una vez de regreso en Nueva Orleans.
Parpadeo y tengo la sensación de que tengo una brecha en la cabeza, donde me...