El hombre malvado observa a Madison, está sollozando y temblando de miedo. Sabe que Arnaldo no hará nada delante de ella para evitar que se sienta nerviosa. Así que, comenzó a hablar.
—¿Y qué? Yo disfruté primero a tu mujer, yo fui su primer hombre, querido sobrino. —respondió prepotente.
Y sí, claro que sí disfrutaba diciéndote que esta perra te engañaba, pero solo lo hacía porque me encantaba ver la cara de rabia que ponías y me excitaba al máximo cada vez que me daba cuenta de que tú peleabas con ella, gracias a la cizaña que yo metía.
—¡Eres un ser repugnante que no merece vivir en este mundo!...