Arnaldo tocó el timbre, fue su madre quien abrió en ausencia de empleados ese día.
—Vaya, mi querido hijo, has venido a visitarnos y, por lo que veo, vienes acompañado de una chica muy hermosa.
—Así es, mamá.
—Me da tanto gusto que por fin hayas dejado a aquella muerta de hambre de Madison, hijo, esa mujer no te convenía, solo estaba contigo por tu dinero.
—Sí, mamá, y no sabes lo horrible que se siente descubrir que una mujer esté al lado de un hombre solo por la fortuna que posee.
—¿Dime, ya le pediste el divorcio?
—No, mamá, aún no se lo he pedido porque primero quiero que...