— ¿Ese hombre era Máximo Collins?, ¿el Máximo Collins real? — Preguntó Tabitha, todavía impresionada.
¡Qué hombre!, ¡qué ímpetu!, y a pesar de su edad, él seguía siendo bastante atractivo, claro que un hombre como Máximo nunca dejaría a su esposa, una Sinclair, perteneciente a la segunda familia más prominente del país.
Pero si tan solo Tabitha hubiera tenido la oportunidad de conocer a alguno de sus hijos, ella no lo dudaría dos veces para saltar sobre alguno de ellos.
— ¡Claro que sí y arruinaste mi reunión con ellos! — Gruñó Walter dándose la media vuelta, para caminar hacia su escritorio, frustrado.
— Pero… ¿Qué…?, ¿qué querían? — Comenzó...