Esa noche, Iván se quedó en vela al cuidado de su madre. Por llamada telefónica, el médico le había dicho que mientras el dolor no presentara sangrado, no habría ningún problema. Le indicó que, si al día siguiente persistían las molestias, podría visitar su consultorio.
Para alivio de ambos, Estela no volvió a sentir dolor, aunque su parte emocional cada vez estaba más decadente.
Transcurrieron dos días llenos de tristeza. Su esposo no conciliaba el sueño, inmiscuido, en el proceso de Nathan. La vocecita de sus inseguridades le decía que su relación no tardaría en llegar a su fin.
Recordó su juventud, un periodo en el que no le importaba...