Lucas se quedó callado, su rostro rígido, se asemejaba al de una estatua, y de vez en cuando su vista se dirigía a Nathan.
Sentía en la garganta una sensación de espinas que le impedía hablar. Sus hombros tensos y su respiración irregular se esforzaba por no delatarse.
Ariadna explicó con un nudo en el estómago la situación. Nathan se levantó del sofá y se despidió de ellos, no sin antes disculparse si causó algún mal momento.
Lucas le aseguró que no pasaba nada y se despidieron con un simple gesto con la cabeza.
Al quedarse solos en la sala, Ariadna supo de qué trataría la discusión de los próximos...