verle el rostro me daba una gratificación en el alma desde lo profundo. Finalmente, decidí dejar entrar a Koddel. No quería seguir sintiendo el dolor y la soledad y quería volver a estar con él. Así que abrí la puerta y lo dejé entrar. Nos abrazamos con fuerza y nos besamos con pasión. Nos decimos cuánto nos amamos y cuánto nos extrañamos. Nos decimos cuánto necesitamos el uno al otro y cuánto significamos para el otro. Y de repente, el dolor y la soledad desaparecieron. De repente, volví a sentir la alegría y la esperanza. De repente, volví a sentir la vida y la paz. Koddel y yo estábamos juntos...