Clara)
Me subí a la camioneta, era grande y espaciosa. Los vidrios oscuros no develaban nada de su interior. Zim sabía que planeaba algo y me miró desconcertado.
—¿Qué haces Clara? —preguntó Zim, sosteniendo la puerta abierta.
—Yo me voy. No puedo soportar más esto. Vamos a hacer algo para cambiar esta situación o todos moriremos como estatuas. —dije, decidida.
—¿A dónde? —preguntó él, poniéndose de pie en el marco de la puerta, como queriendo huir despavorido por mi comportamiento.
—A cualquier parte. No soporto más estar aquí. —dije, poniendo el motor en marcha.
—Clara, detente. —ordenó Zim, con la voz firme.
Pero no hice caso y puse la camioneta...