Camino guiándola hacia las escaleras, nunca ha estado en el segundo piso de la cabaña, nunca se lo he permitido, ni la he invitado, pero esta noche, después de todo lo que le he hecho, después de todo lo que ha hecho por mí, es lo de menos, aunque este sea mi santuario ella es bienvenida en él.
Subimos las escaleras, tomados de la mano, ella me sigue de cerca, al llegar al piso de arriba la guio hasta mi habitación, podría dejarla dormir en cualquier otra pero, no, la quiero en mi cama así sea solo para dormir junto a ella. Que locura quien diría que en algún momento...