– Te ves bien tranquila, además no es un local lujoso, te va a gustar – comenta un poco más animado.
Camina junto a mí y después de unos segundos andando, entrelaza nuestras manos, lo miro de reojo y ambos reímos porque hemos hecho exactamente lo mismo.
– ¿te molesta? – pregunta con curiosidad y niego, en realidad me pone nerviosa andar así con él.
– No, está bien – el ríe y asiente
Andamos unos cinco minutos más y finalmente se detiene ante una entrada que parece la de un parque, con verga de metal rodeada de enredaderas y todo, sonríe y tira de mi para entrar, cuando traspasamos...