Irina.
- “¡Abrázame!”- le gruñí de dolor a Desmond, al sentir que la zona donde él me tocaba era la que menos me dolía.
A diferencia de antes, esta vez mi compañero no dudó, y pronto me vi sujeta entre sus brazos mientras yo colocaba mi mano, sobre el cuerpo herido del Beta, para extraer todas las sensaciones de dolor, ira, y furia que le atenazaba.
Gracias al abrazo del mi mate, el dolor se me hacía soportable, mientras el cuerpo del Beta se iba relajando hasta el punto de que quedó semiinconsciente. Me sentía gruñir, cada vez que el dolor aumentaba, mientras mi cuerpo se tensaba, al mismo tiempo...