Irina.
Poco a poco sentí que mi cuerpo se despertaba, mientras Bella me llamaba.
- “¡Eh! ya es hora de despertar dormilona.”- le oí decir.
Abrí los ojos buscando algo que me fuera familiar, totalmente desorientada, me encontraba en una especie de cabaña de madera llena de diferentes objetos triviales, plantas colgadas en unas cuerdas disecándose boca abajo, y alfombras, de lana, de muchos colores.
- “Luna veo que ya estas mejor”- Me dijo una voz que me hizo girarme asustada, buscando su procedencia.
Frente a mí, una mujer de mediana edad, de eso unos cincuenta y pocos años, a lo mejor sesenta. Iba vestida de una forma peculiar, a...