Cuando me desperté a la mañana siguiente, tenía una gran sonrisa en la cara que no iba a desaparecer pronto, y para celebrar la ocasión decidí escabullirme al buffet del desayuno y pedir algo para llevar a la habitación para Travis cuando se despertara.
Lo miré para asegurarme de que seguía durmiendo profundamente y, cuando vi que así era, me bajé de la cama con el mayor sigilo posible para no despertarlo. Busqué mi ropa, que ya estaba seca y sentada junto a la chimenea, y me la volví a poner en silencio antes de coger unos zapatos junto a la puerta. Antes de salir de la habitación, eché una...