—¡Papá, me duelen los pies!—
Travis suspiró., —Jaz, cariño, ya casi llegamos.¨
Seguí de cerca a los chicos que iban a ayudar a atar el árbol encima del coche de Travis, y me di cuenta de que no le hacía mucha gracia. Le habían prometido que su enorme y caro coche no sufriría daños durante el proceso, pero yo sólo esperaba que los chicos que llevaban el árbol cumplieran esa promesa. A pesar del mal humor que parecía tener Travis por tener que conducir media hora de vuelta a la casa con un árbol de Navidad muy grande atado al techo de su coche, sigo pensando que se lo estaba...