Cuando bajo las escaleras principales, las lágrimas comienzan a descender de mis ojos, me siento un canalla y un miserable, pero no dudo que hice lo mejor. Lo mejor y sobre todo para mí, aunque suene egoísta. No estoy dispuesto a arriesgar nuevamente el corazón. Me alejo con pesar, sintiendo que cada paso me cuesta más que el anterior. Pero es cierto lo que le he dicho; no pienso volver jamás.
-¡Señorita, señorita!- le grita la chica del servicio mientras ella está sentada al inicio de la escalera llorando amargamente.- ¿Qué le ocurre?
-Llama. . . llama a Johanna, por favor- le dice gimiendo- dile que la necesito.
-Lo que...