Los días pasaron con rapidez, y Vivian en vez de tranquilizarse parecía más nerviosa. Lloraba continuamente cuando creía que yo no la veía, en las noches despertaba en medio de pesadillas, mientras gritaba y sollozaba con el cuerpo perlado en sudor. No había un solo día en el que ella pudiera dormir tranquila. Contratamos un equipo de seguridad. Tres hombres vigilaban la casa veinticuatro horas al día. Y uno iba con ella a todos lados, pero aparentemente nada le daba tranquilidad, no había nada que lograra calmar sus nervios alterados. Se sobresaltó con el sonido de su celular.
-Sebástian, amigo mío- le saludo con afecto.
-Tyler hermano. ¿Cómo va tu...