Narrador.
Jalada por el brazo estaba siendo Ignacia cuando la pasaron por el lado de Antonieta, quien la miró con desprecio, e Ignacia igual la vio con odio intenso. Ese tipo de sentimiento que ni siquiera por Patricia que le destruyó la vida llegó a sentir.
Forcejeó para poder zafarse y golpearla, pero le fue imposible: —Te vas a arrepentir de haberme dejado con vida— le sentenció con ojos rojos de lo tanto que ha llorado.
—Has creado de mí un demonio sediento de sangre Antonieta Cardona.
Volvió a decir con dientes apretados y dejando escapar una lágrima, no de miedo o dolor, sino de impotencia por la imposibilidad de...