Narra Matias.
Ni siquiera miró cuando el camarero puso una copa de licor delante de ella solo la tomó sin mirar que era y mi mano se quedó a mitad de camino porque me parece extraña la manera en la que ese hombre llegó a nosotros, pero, para salir de mi duda agarré disimuladamente su muñeca.
—¡Quieta! —le sometí cuando tiró de su mano para que la suelte.
—¿Ahora qué soy tu perro o tu muñeca? — me respondió quedándose tranquila y no fue capaz de darse cuenta de que le estaba tomando el pulso.
—Lo que elijas ser— respondí soltando su mano de golpe, y me reí por la...