Ambos comieron, aunque aún la velada no terminaba.
Allan le ofreció ir a caminar por la playa, y ella encantada acepto.
Carla se sacó sus hermosos tacones, para sentir la arena con sus pies,
pero también para no hundirse, o tropezar.
Ambos hablaban y reían, como de
costumbre, debajo de la hermosa luna
llena que había en ese cielo lleno de
estrellas.
De la nada, invadió el silencio,
y Allan soltó la mano de Carla, ya que esta estaba empezando a sudar.
Acaso otra chica en la vida lo había puesto así ¿Como ahora? no, solo Carla. Estaba listo, estaba nervioso, pero ya era la hora, el momento esperado, y...