Esam
Sentir a la mujer de mi vida ahí pegada a mi cuerpo a través de un abrazo tan soñado e imaginado a lo largo de mi vida no tenía precio que daría mi fortuna por quedarme ahí.
Quiero que todo esto dure para siempre, que Nathalia y yo podamos vivir toda nuestra vida juntas.
- Creo que ya me duelen las rodillas - dice y no quiero soltarla.
- Acostémonos aquí - Me levanté y la ayudé y nos acostamos.
Nuestro beso fue automático, fue como si volviéramos a ser esos adolescentes enamorados de tantos años atrás que hacían promesas, porque no sabían cómo sería el futuro y no...