Mi prometido estaciona el auto en la entrada de la que es nuestra casa, y al verla me quedo con la boca abierta. Es mucho más imponente que como se veía en la foto. Es que no lo puedo creer... —Tú de verdad que estás loco. — Digo con un hilo de voz mientras que me ayuda a bajar del auto y al parecer mis palabras le ha hecho reír.
—¿Por qué cariño?— Pregunta mirándome con una enorme sonrisa en su rostro.
—Es que esto ha de haber costado una fortuna... yo no he puesto ni un euro para comprarla, me siento en desventaja...— Comento sin salir de mi asombro....