Estaba frío, desolado, agonizante. Todo oscuro, todo negro no podía ver nada. No podía moverse, no podía respirar, no podía… se estaba quemando por dentro. Su cuerpo latía al punto de doler. Tenía que calmarlo, tenía que completar el enlace que la mantenía atrapada en un círculo vicioso y aparearse, eso era lo que dictaba su mente.
Espera…
Solo tenía que…
Abrir sus ojos. Pero aun así no había nada, no había nadie.
¿Dónde estaba? ¿Dónde estaban sus padres?
¿Dónde estaba su lobo?
***
-Espera, espera- la voz de Layan se alzó descontrolada- ¿Qué demonios acabas de decir?- ahora si se estaba volviendo loco.
Victore sudaba hasta donde ya no...