Un matrimonio sumido en la rutina, una vida aburrida y sin ninguna emoción, la esposa ideal convertida en una jefa que solo sabe dar órdenes. Así sentía Daniel que se estaba convirtiendo su vida.
—Andrés, debes ir a casa de tu madre a las siete, recuerda ir a comprar su regalo, ¡ah! Y por favor, que no sea ropa, el año pasado el vestido le quedó pequeño y la pobre me estuvo preguntando toda una semana si se veía gorda —decía Danna mientras desayunaban.
—¿Y qué le podría comprar? —inquirió Andrés.
—Puede ser un collar o unos tacones —respondió Danna—. Diana es amante a las joyas. —Rodó la mirada a...