Cuando llegaron a la sala de urgencias, Demetrio corría de un lado para otro nervioso. Era la primera vez que estaba en un parto de uno de sus hijos, y más, que la pequeña Lili, había nacido sietemesina y había causado que el parto no fuera por cesárea como estaba previsto, sino normal.
—¡No me toques, eres el culpable de mis desgracias! —lloraba Eva, inhalando y exhalando, como le había dicho el médico hace unos minutos
—Todo va a estar bien, todo va a estar bien, pequeña —decía Demetrio, acariciando la panza de Eva, que estaba irritada, en una habitación, con las piernas abiertas.
—No digas que todo va a...