Cadie se encontraba feliz, los niños tenían una simplicidad admirable, mientras teníamos al bebé dándole calor, ella le sostenía la mano a su hermanito, solo permite que las enfermeras tomen el tiempo necesario para darle de comer, después sin importar quien le de calor mantienen tomando su manito. Las enfermeras ya la adoraban, y solo habían pasado horas. La señora Samanta, llegó.
—¡Abuela! Mira a mi hermanito. Parece un acordeón, pero Nidia, —así se llamaba una de las enfermeras—. Me dijo que se rellenará con comida, amor y tenerlo abrazadito.
—Así es mi reina. —La señora Samanta le dio un beso, y se puso la faja para darle calor un...