Betty y yo miramos a mi mamá, la vimos suspirar. Era una celosa, si celaba a papá, el cual no era tan atractivo como Rafael, no me imagino lo que padecerá mi padrastro.
—Rafa vas a tener que meterte en una urna, pa’ que nadie te vea.
—¡No sean exagerados!
—Mami. —La miré—. Entonces Rafael no podrá trabajar porque tú no estás tranquila, ya que pensarás quién sabe qué cosa.
—¡No es eso!, además no tengo por qué hablar con ustedes temas concernientes entre Rafa y yo.
—Tú nos metiste. Solo te voy a decir, durante todos estos años, las enfermeras y doctoras hablaban del doctor, suspiraban por él, pero...