Valeria DeCostello
New York
La doctora me llevó a una habitación en dónde ella misma, con la ayuda de dos enfermeras, me asistieron y me asearon lo mejor que pudieron. En ese momento no podía ni con mi alma y no podía, ni quería tampoco meterme a bañar. Estaba exhausta y con ganas de dormir mucho, había sido un gran esfuerzo y la doctora después de revisarme se dio cuenta de mi cansancio extremo.
–Valeria, estás en perfectas condiciones de salud – me dijo la doctora – ahora solo necesitas descanso. En cuanto a tus hijas, solo hay una mala noticia.
–No me diga eso, doctora – dije alarmada –...