Max se había marchado exactamente a las siete y media de la mañana, habían tomado el desayuno como toda pareja, algo que le había empezado a agradar a Emma, le hacía sentir bastante cómoda.
— ¿Necesita algo más, señorita Spencer? —preguntó el ama de llaves, Emma negó con una sonrisa agradable.
—Muchas gracias, estoy bien, —Emma se aclaró la garganta—Voy a salir a mi departamento, regresaré por la tarde.
—Sí, señorita. —luego Emma se despidió para subir a la habitación y cambiarse. Casi una hora después, bajó al lobby para marcharse, pero una persona de recepción la detuvo, le entregó las llaves de su auto y ella se sorprendió, ya...