En las profundidades de la montaña, donde el resplandor de la luna iluminaba cada rincón del bosque, habitaba el clan de los Lancelot. El anciano lobo, Dylan, orgulloso y sabio, nos recibió con alegría en su manada aquel día de la boda de su hija Natalie.
Entre los árboles anduvimos, recordando tiempos pasados junto a las risas de antaño. Mi amigo y yo, en la calidez de aquella reunión, evocamos los días en que éramos jóvenes y enamorados. Yo, una loba inexperta y él, un humano valiente que se aventuró a enamorarse de mí en tiempos prohibidos.
Dylan, con tristeza en sus ojos, compartió conmigo la historia de su transformación....