—Perdón, en serio, perdón Keidys —empezó a decir Mateo.
Ella no era capaz de decir algo, ¿qué había pasado? ¿Era porque no podía pensar con tranquilidad?
—Keidys... —dijo Gabriel llegando al patio— ¿cómo te sientes? —se sentó a su lado.
—Sí... Ya se me pasó el malestar —contestó la joven.
—Bien —soltó Gabriel desplegando una sonrisa, miró a Mateo.
—Disculpen —Mateo se levantó de la silla y salió del patio.
Se fue de la casa, la calle estaba completamente sola, mientras caminaba dejaba salir las lágrimas. Estaba cansado de sentir aquel sentimiento que lo ahogaba; el solo recordar aquel beso que acababa de dar se le revolvía todo, se suponía...